Pues sí.
Como dirían los Chichos, todo lo que piensas tú, son ilusiones, son ilusiones. Después de mil llamadas a España y conversaciones en portuñol-inglés con nuestro realtor, se nos adelantan otros tipos con contrato para cinco meses. Si es que los Short Terms lo pasamos muy mal.
Y de repente todo se vuelve muy gris a pesar de que hay un sol que podría competir con el mismísimo infierno. Es curioso, pero cuando algo sale mal, parece que todo lucha por ir peor. No teníamos ningún piso que ver, habíamos cancelado la reserva en el hostel, nadie coge el teléfono y, como dato personal, me duelen tanto los pies de patear South Beach que creo que voy a empezar a andar de rodillas cual penitente.
Algo que he aprendido es que no hay que rendirse. Y para no rendirnos lo primero que hay que hacer es no perder la esperanza. Así que venga, pensamiento positivo y nos vuelven a llamar del Flamingo's Condo. Nos ofrecen un estudio muy mono. El único problema es ese, que es un estudio. Así que estamos planeando nuestro viaje a IKEA para comprar un Biombo dador de algo de intimidad.
Después de dar la señal del piso para que no nos lo volviera a quitar algún alma descabellada nos volvimos al hostel, donde nos esperaba Mónica para ir un ratito a la playa. Qué bonita. Qué tranquila. Gaviotas, palomas, y otros pajaritos muy monos. Las casetas de los vigilantes de la playa. El agua caliente y un cielo que parece un mundo. Creo que no voy a tardar a acostumbrarme a esto.

Un poco más tarde nos esperaba Chico. Os presento a Chico: es de Cádiz y ha venido con una beca, como buen español, a hacer un curso de inglés. Y como buen español, decidimos juntarnos con españoles. Porque qué coño, a todos nos gustan que nos entiendan y que se rían de nuestros chistes porque los pillan, no como palmadita en la espalda. Así que nos fuimos con tres Vascos más a celebrar esto de estar en Miami.
Acabamos en Mango, una discoteca de Ocean Drive altamente recomendable si te gusta el reggaeton, la salsa y no tienes muchos escrúpulos, ni nada que hacer al día siguiente. Maldita resaca caminando bajo el sol.
Y ayer entramos en nuestro maravilloso estudio.
¡Al fin mi ropa en un armario!
Y lo mejor de todo: llegó el momento de HACER LA COMPRA. Casi me da un algo en el supermercado. Primero, para encontrarlo. Fuimos a un Publix, pero antes de dar con él, entramos en un Gourmet Market, en uno sudamericano donde vendían todo era marca Goya y tamarindo, y al mall, en Lincoln Road, donde lo que vendían era ropa. Aunque el Publix tiene de todo, creo que no es mi mi Mercadona americano.
Y después, para comprar. He de decir que aquí es todo brutalmente grande y las proporciones son absurdas. O cuatro zanahorias u 11 kilos. 1 estropajo, 10 estropajos. También tienen cosas rarísimas, y no tienen otras que en España son fundamentales. Compré bastante capricho innecesario aka curiosidad local. Pero por lo demás, como en casa, hice una compra inconexa.
Entre mis pies y la ida de olla en la compra, tuvimos que volver en taxi. Una vez en nuestra querido Condo me dediqué a quedarme atrapada en una zona de servicio, y sin tarjeta (para entrar y salir de cualquier sitio tienes una tarjetita con tu foto. Yo tengo la cara de otra, pero bueno). Menos mal que nuestro amigo Juan, uno de los de seguridad, ya me ha dado su número por si tenemos cualquier problema de ese tipo.
Así que ya estamos en casa. Sonrío.






