El viaje fue muy bien, algunas de turbulencias y la arcada insufrible de "Algo Prestado" amenizaron las 9 horas de vuelo. Al llegar al aeropuerto tuvimos que pasar un millón de controles, pero nada que el I-20 y una sonrisa de no-me-entero-pero-vale no pudieran sortear.
Pillamos un taxi hasta nuestro hostel, aka, habitaciones carcelarias. Lo mejor del lugar es que está lleno de guiris buenorras para los chicos y extranjeros interesantes para las chicas. Casi todos australianos (¡qué bueno lo que te espera Din Don!). Por el momento os recomiendo el lugar. Se llama South Beach Hostel. Es el clásico albergue de backpackers, del que destaco el wifi, la música de las zonas comunes y la sencillez, extremada sencillez, y limpieza de los baños y habitaciones. Y por supuesto, el precio.
Supuestamente teníamos que empezar la búsqueda exhaustiva de piso, pero con la que está cayendo no sé como nos las vamos a apañar. ¡Cruzad los dedos!
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